Jung Chang abandonó China en 1978, a la edad de 26 años, para trasladarse a Gran Bretaña y continuar sus estudios. En 1982 se doctoró en Lingüística y en la actualidad imparte clases en la Universidad de York. La trayectoria personal de Chang, hija de un matrimonio de revolucionarios comunistas castigados por la arbitrariedad de la Revolución Cultural, resume una buena parte de la historia reciente de China, todavía muy desconocida.
Cisnes salvajes desarrolla sobre todo las vidas de la abuela y la madre, y los años de estudiante de la autora hasta su traslado a Gran Bretaña. A través de las peripecias vitales de estos personajes, Jung Chang, con un estilo objetivo y estremecedor -sin caer en el melodrama ni en el revanchismo-, hace un repaso a los grandes hechos y tragedias que ha vivido China en este último siglo.
La abuela, Yu fang, fue concubina de uno de los generales de los señores de la guerra, durante el periodo de decadencia del imperio manchú. En su ancianidad, Yu fang asiste a la caída del Imperio de Manchuria, la invasión de los japoneses en 1931, el establecimiento del emperador Pu Yin -un títere de los japoneses-, la alianza entre el Kuomintang y los comunistas para derrotar a los japoneses. La victoria de los comunistas en la guerra civil con el Kuomintang y la proclamación de la República Popular inicia una etapa de esperanza y nuevas ilusiones. De-Hong (cisne salvaje en chino) , la madre de la narradora, se casa con un revolucionario comunista destacado por su integridad y su fidelidad a unos ideales hasta el fin, a pesar de las agónicas dificultades por las que tendrá que pasar.
Cisnes salvajes es una crónica dura de leer, pero apasionante y enriquecedora. Todos los personajes proceden de la vida misma, y muchos encarnan las posturas positivas y negativas que trae consigo una revolución. El ejemplo moral de la familia de la autora -muy unida, a pesar de las contrariedades- hace que la novela tenga un mensaje positivo y esperanzador. Además, Chang deja que sean esas experiencias personales -sin disquisiciones teóricas ni lamentos- las que reflejen con exactitud la sufrida historia colectiva de todo un pueblo. Por encima de los sufrimientos padecidos, la mayoría inhumanos, Jung Chang ha querido dejar constancia de la fortaleza e integridad de gran parte del pueblo chino: "Rodeada de sufrimiento, muerte y desolación, había contemplado la indestructible capacidad humana para sobrevivir y buscar la felicidad".