DECLARACIÓN DE INTENCIONES

Leer es una forma de escuchar, una forma que nos permite saltar las barreras del espacio y del tiempo. Recordemos aquellos versos que escribió Quevedo en la Torre de Juan Abad: “Retirado en la paz de estos desiertos, con pocos, pero doctos libros juntos, vivo en conversación con los difuntos, y escucho con mis ojos a los muertos. Si no siempre entendidos, siempre abiertos, o enmiendan, o fecundan mis asuntos; y en músicos callados contrapuntos al sueño de la vida hablan despiertos.” Leer, a corto plazo, nos proporciona momentos de placer y nos permite superar el tedio, combatir el aburrimiento, del que tantas veces se ha dicho que es el mal de nuestro tiempo. Nos permiten vivir otras vidas, tener otras experiencias. Por eso, a largo plazo, nos configura, nos enriquece, nos cambia. Nos afina el alma, o nos la embota; nos abre horizontes, o nos los estrecha. A medida que pasa el tiempo, en nosotros se reflejan los libros que hemos leído. Y los que no hemos leído. No se trata de «leer mucho», sino de leer obras -literatura, historia, ciencia, filosofía, teología, poesía, arte, etc.- de calidad, para que se enriquezca nuestra visión del mundo. Todos los libros son diferentes, y cada uno de ellos espera a su lector. Y cada lector sale en busca de su libro. Que llegue a producirse el encuentro era razonablemente posible hace cien años, hoy es imposible de toda imposibilidad. Sólo en España, se publican cada año alrededor de 80.000 nuevos títulos. Es imposible leerlos todos, necesitaríamos empezar un libro cada 7 minutos. Se hace necesario escoger. Este cuaderno tiene por objeto ayudar a hacer esa selección

EL HOMBRE EN BUSCA DE SENTIDO

 


En esta obra, Viktor E. Frankl explica la experiencia que le llevó al descubrimiento de la logoterapia. Prisionero, durante mucho tiempo, en los desalmados campos de concentración, él mismo sintió en su propio ser lo que significaba una existencia desnuda. ¿Cómo pudo él que todo lo había perdido, que había visto destruir todo lo que valía la pena, que padeció hambre, frío, brutalidades sin fin, que tantas veces estuvo a punto del exterminio, cómo pudo aceptar que la vida fuera digna de vivirla? El psiquiatra que personalmente ha tenido que enfrentarse a tales rigores merece que se le escuche, pues nadie como él para juzgar nuestra condición humana sabia y compasivamente. Las palabras del doctor Frankl alcanzan un temple sorprendentemente esperanzador sobre la capacidad humana de trascender sus dificultades y descubrir la verdad conveniente y orientadora.