DECLARACIÓN DE INTENCIONES

Leer es una forma de escuchar, una forma que nos permite saltar las barreras del espacio y del tiempo. Recordemos aquellos versos que escribió Quevedo en la Torre de Juan Abad: “Retirado en la paz de estos desiertos, con pocos, pero doctos libros juntos, vivo en conversación con los difuntos, y escucho con mis ojos a los muertos. Si no siempre entendidos, siempre abiertos, o enmiendan, o fecundan mis asuntos; y en músicos callados contrapuntos al sueño de la vida hablan despiertos.” Leer, a corto plazo, nos proporciona momentos de placer y nos permite superar el tedio, combatir el aburrimiento, del que tantas veces se ha dicho que es el mal de nuestro tiempo. Nos permiten vivir otras vidas, tener otras experiencias. Por eso, a largo plazo, nos configura, nos enriquece, nos cambia. Nos afina el alma, o nos la embota; nos abre horizontes, o nos los estrecha. A medida que pasa el tiempo, en nosotros se reflejan los libros que hemos leído. Y los que no hemos leído. No se trata de «leer mucho», sino de leer obras -literatura, historia, ciencia, filosofía, teología, poesía, arte, etc.- de calidad, para que se enriquezca nuestra visión del mundo. Todos los libros son diferentes, y cada uno de ellos espera a su lector. Y cada lector sale en busca de su libro. Que llegue a producirse el encuentro era razonablemente posible hace cien años, hoy es imposible de toda imposibilidad. Sólo en España, se publican cada año alrededor de 80.000 nuevos títulos. Es imposible leerlos todos, necesitaríamos empezar un libro cada 7 minutos. Se hace necesario escoger. Este cuaderno tiene por objeto ayudar a hacer esa selección

PLENITUD

 

http://quelibroleo.com/images/libros/libro_1343206415.jpg 5 poemas de Amado Nervo - Zenda

Amado Nervo (1870-1919), Nació en Méjico en 1870. Abandonados los estudios, empezó a ejercer el periodismo en Ciudad de México. En 1900 es enviado como corresponsal a la Exposición Universal de París, donde entabló amistad con el gran poeta nicaragüense Rubén Darío, y donde conoció a la que iba a ser la mujer de su vida, Ana Daillez; con la que permaneció 12 años. Viaja por Europa durante 4 años, hasta que pierde la corresponsalía del Imparcial, y regresa a Méjico. En 1906 ingresó en el servicio diplomático mexicano; sirvió en Argentina, Uruguay y España. Fue nombrado Ministro Plenipotenciario de Uruguay en 1918, muriendo en su capital, Montevideo, en 1919.
 
Plenitud es su última obra, un poemario en prosa, escrito en tono sencillo, a manera de una conversación íntima sobre asuntos metafísicos y transcendentes. El narrador se dirige al lector, exhortándole a conocerse a sí mismo, a actuar con generosidad hacia los demás y reflexionar sobre los grande enigmas como la muerte, el sufrimiento y Dios.