DECLARACIÓN DE INTENCIONES

Leer es una forma de escuchar, una forma que nos permite saltar las barreras del espacio y del tiempo. Recordemos aquellos versos que escribió Quevedo en la Torre de Juan Abad: “Retirado en la paz de estos desiertos, con pocos, pero doctos libros juntos, vivo en conversación con los difuntos, y escucho con mis ojos a los muertos. Si no siempre entendidos, siempre abiertos, o enmiendan, o fecundan mis asuntos; y en músicos callados contrapuntos al sueño de la vida hablan despiertos.” Leer, a corto plazo, nos proporciona momentos de placer y nos permite superar el tedio, combatir el aburrimiento, del que tantas veces se ha dicho que es el mal de nuestro tiempo. Nos permiten vivir otras vidas, tener otras experiencias. Por eso, a largo plazo, nos configura, nos enriquece, nos cambia. Nos afina el alma, o nos la embota; nos abre horizontes, o nos los estrecha. A medida que pasa el tiempo, en nosotros se reflejan los libros que hemos leído. Y los que no hemos leído. No se trata de «leer mucho», sino de leer obras -literatura, historia, ciencia, filosofía, teología, poesía, arte, etc.- de calidad, para que se enriquezca nuestra visión del mundo. Todos los libros son diferentes, y cada uno de ellos espera a su lector. Y cada lector sale en busca de su libro. Que llegue a producirse el encuentro era razonablemente posible hace cien años, hoy es imposible de toda imposibilidad. Sólo en España, se publican cada año alrededor de 80.000 nuevos títulos. Es imposible leerlos todos, necesitaríamos empezar un libro cada 7 minutos. Se hace necesario escoger. Este cuaderno tiene por objeto ayudar a hacer esa selección

LA BALADA DE LA CÁRCEL DE READING

 La balada de la cárcel de Reading (Poesia Hiperion): Amazon.es ... Oscar Wilde como víctima | Blog La defensora del lector | EL PAÍS

Óscar Wilde (1854-1900) fue hijo de destacados intelectuales de Dublín. Desde edad temprana adquirió fluidez en el francés y el alemán y en la Universidad, en Dublín y en Oxford, destacó como clasicista.  En Londres, se movió en los círculos culturales y sociales de moda como portavoz del esteticismo, llevando a cabo diversas actividades literarias. Publicó una novela -El retrato de Dorian Gray- varias obras de teatro, algunas “comedias divertidas para gente seria”, como las llamó él, y abundante obra poética. En el apogeo de su fama y éxito, Wilde se vio envuelto en un proceso judicial Marqués de Queensberry por el que acabó siendo condenado a dos años de cárcel. Tras su liberación se instaló en  Francia. Murió en París, indigente, a los 46 años.

 

La balada de la cárcel de Reading es su última obra, escrita en Francia e inspirada en su experiencia carcelaria. En ella revela una profunda piedad por todos los que sufren en la cár­cel y establece una compara­ción entre la justicia de los hombres, que castiga despiadada, y la jus­ticia de Dios, que sabe convertirse en mise­ricordia, creando vida nueva, allá donde los hombres sólo ven ruinas.