Mijaíl Aleksándrovich Shólojov nació en Rostov del Don en 1905, en el seno de una familia cosaca. En 1917, conmovido por los eslogan y proclamas de los bolcheviques, se alista al Ejército Rojo. Participó en la Primera Guerra Mundial y luego en la Guerra Civil Rusa. Después del triunfo bolchevique, Shólojov se estableció en Moscú, donde comenzó su carrera como escritor. Ingresó en el Partido Comunista en 1932 y en 1937 fue elegido para el parlamento soviético. La publicación de El Don apacible, que consiguió el premio Lenin en 1941, le llevó a convertirse en el escritor más influyente de la Unión Soviética. Shólojov acompañó en 1959 a Nikita Jruschov en su viaje a Europa occidental y Estados Unidos, y en 1961 fue elegido para el Comité Central. Fue galardonado con diversos premios, medallas y órdenes por el gobierno de la URSS de la época. Obtuvo reconocimiento internacional por sus logros en el campo literario, y en 1965 se le otorgó el Premio Nobel de Literatura. Murió en 1984.
El Don apacible relata la epopeya de los cosacos del Don, desde el inicio de la guerra de 1914, la revolución de 1917 y la guerra civil rusa hasta el triunfo bolchevique, vista a través de la historia individual del protagonista Grigori Panteléievich Mélejov. La movilización del verano de 1914 suspende la cosecha, y los cosacos pelean en la frontera austro-rusa. Viene el miedo, el cañoneo, la fusilería, las ametralladoras, las primeras bombas desde aviones, los gases asfixiantes. Las anécdotas en el hogar cosaco, entre vodka y batallas de taberna, desembocan en dos historias mucho más grandes, dos triángulos pasionales: amante, esposa y marido, por una parte, y cosacos, zaristas y bolcheviques, por otra. La desobediencia a las costumbres de los padres entraña en ambos casos la pérdida del paraíso. Y Sholójov, comunista, llora la vida antigua. Los privilegiados del Antiguo Régimen son caprichosos, aprovechados y crueles, pero los bolcheviques "disponen de las vidas ajenas como si fueran Dios". Queda, en el fondo, un dolor por el zarismo derrocado, que, con todas sus desigualdades, hacía posible la vida cosaca.