DECLARACIÓN DE INTENCIONES

Leer es una forma de escuchar, una forma que nos permite saltar las barreras del espacio y del tiempo. Recordemos aquellos versos que escribió Quevedo en la Torre de Juan Abad: “Retirado en la paz de estos desiertos, con pocos, pero doctos libros juntos, vivo en conversación con los difuntos, y escucho con mis ojos a los muertos. Si no siempre entendidos, siempre abiertos, o enmiendan, o fecundan mis asuntos; y en músicos callados contrapuntos al sueño de la vida hablan despiertos.” Leer, a corto plazo, nos proporciona momentos de placer y nos permite superar el tedio, combatir el aburrimiento, del que tantas veces se ha dicho que es el mal de nuestro tiempo. Nos permiten vivir otras vidas, tener otras experiencias. Por eso, a largo plazo, nos configura, nos enriquece, nos cambia. Nos afina el alma, o nos la embota; nos abre horizontes, o nos los estrecha. A medida que pasa el tiempo, en nosotros se reflejan los libros que hemos leído. Y los que no hemos leído. No se trata de «leer mucho», sino de leer obras -literatura, historia, ciencia, filosofía, teología, poesía, arte, etc.- de calidad, para que se enriquezca nuestra visión del mundo. Todos los libros son diferentes, y cada uno de ellos espera a su lector. Y cada lector sale en busca de su libro. Que llegue a producirse el encuentro era razonablemente posible hace cien años, hoy es imposible de toda imposibilidad. Sólo en España, se publican cada año alrededor de 80.000 nuevos títulos. Es imposible leerlos todos, necesitaríamos empezar un libro cada 7 minutos. Se hace necesario escoger. Este cuaderno tiene por objeto ayudar a hacer esa selección

EL VIENTO DE LA LUNA Antonio Muñoz Molina

 

Antonio Muñoz Molina (Úbeda, Jaén,1956). Estudió Historia del Arte en la Universidad de Granada y periodismo en la de Madrid. En los años ochenta se estableció en Granada, donde trabajó como funcionario y colaboró como columnista en el diario Ideal; su primer libro es una recopilación de esos artículos y aparece en 1984 con el título El Robinson urbano. Su primera novela, Beatus Ille, apareció en 1986, aunque se gestó durante varios años. En 1987 gana el Premio de la Crítica y el Nacional de Narrativa por El invierno en Lisboa y en 1991 el Planeta por El jinete polaco, novela por la que vuelve a obtener el Nacional de Narrativa al año siguiente. En 2007 es investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Jaén como reconocimiento a toda su obra. En 1995 fue elegido miembro de la Real Academia Española. Está casado con la también escritora Elvira Lindo y vive entre Madrid y Nueva York, donde dirigió el Instituto Cervantes. El viento de luna (2006), una obra bellísima en que prima la nostalgia por esos años en que éramos niños e ingenuos. Un muchacho de unos doce años, cuya familia no comprende su inquietud por el conocimiento, se encierra en soledad en su ático a leer los pocos libros que considera de interés en la biblioteca de la escuela, y las revistas y periódicos que le trae la querida tía Lola. Su padre es un pequeño hortelano con el hábito por el trabajo y sin jamás pensar en un descanso o un mínimo lujo. Se levanta con el alba y regresa por la noche. Antes lo acompañaba su hijo, porque veía las tareas de labranza como una aventura, un juego divertido, y aprendía con entusiasmo las faenas del campo. Mientras, al otro lado del Atlántico, los norteamericanos preparan el lanzamiento del Apolo XI a fin de llevar un hombre a la Luna y traerlo de regreso. Salvo para el muchacho, a los demás no les cabe en la cabeza.